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La poesía es el camino a la existencia.

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Lugar: Parque de Sombras

sábado, septiembre 23, 2006

Página Web

¡Hola a tod@s los amantes de la literatura! Aprovecho la novedad para presentaros mi página web donde podréis conocer algo más de mi y de mi obra. El enlace es www.dianarodrigo.org. Un saludo y espero veros por allí.

viernes, julio 07, 2006

SI EXISTIERA DIOS




A veces pienso
que si existiera Dios,
no nacerían mujeres en China,
y así, ninguna niña
de ojos negros y rasgados
sería abandonada
por unos padres despechados,
por que no nació varón.

Si existiera Dios,
los niños de Afganistán,
podrían libremente
acariciar el rostro de sus madres.
Un rostro que es azul, púrpura o añil
(antifaz de la mentira,
antifaz de una guerra entre hombres,
que ya ni es de tribus,
ni de religiones).

Si existiera Dios,
esa mujer herida y humillada,
esa mujer de ojos negros y asustados,
esa mujer con un niño en su pecho...
esa mujer nigeriana,
no moriría bajo un manto de piedras
a manos de su familia
a manos de su pueblo
y a manos de su violador,
el que la ha condenado a muerte.

Si existiera Dios,
no habría hospitales en Indonesia
llenos de rostros deformes.
Unos rostros que fueron bellos,
llenos de luz y ternura,
rostros infantiles, adolescentes
o de hermosas mujeres.
Rostros que por odio y rencor
fueron heridos por el ácido
de un enamorado despechado,
heridos de casi muerte,
de fealdad y terror.

Dios, si existieras,
ni en China, Afganistán,
Nigeria o Indonesia,
ni en muchos otros rincones del mundo,
permitirías este sufrimiento.
Sufrimiento que me llena el corazón
de ceniza, miseria, ruinas,
desazón y terror.


©®Diana Rodrigo Ruiz

miércoles, junio 21, 2006

ÚLTIMO ENCUENTRO

En aquellos años dejé de quererte,
de esperarte despierta tras los altos muros de niebla.
Aguardaba tranquila y pausada,
sentada en mi fiel butaca de madera.
Y al captar tu perfume cerraba los ojos,
recordaba y maldecía tu nombre... tu silueta.

Te cerraste tan hondo en la tristeza,
que no desdibujaba tu mente ni por un instante
que era de mí en esos momentos.
Y yo, tan triste como tú,
sentada eternamente en mi butaca de madera,
solo añoraba nuestro pasado.

¿Qué más te daba saber
de mi insomnio durante largas noches
de tu ausencia?
¿Qué más te daba?
Sabías que mi piel canela,
y mis ojos de niña inquieta
seguían allí, a la sombra
de la higuera,
fiel guardiana de tu casa y de tu compañera.

Pero la nostalgia... vaga niebla que mata,
la soledad amante de mi cuerpo
y las múltiples formas en las que se presentaba el vacío
acabó por echarme de mi rincón claustral.
Me echaron, si, me mandaron compasivamente
a los brazos de la higuera,
debajo de una fuerte rama... seca,
que enlazaba encendida sus besos alrededor de mi cuello,
infiel caricia que me enardecía de miedo... temía tu vuelta.

Besos y caricias a mi cuello abandonado.
Y volvió de nuevo a entrecortarse mi respiración,
a jadear hasta quedarme sin aliento,
quedando únicamente de ese encuentro mortal,
un cuerpo menudo y blanco
abrazado a su rama... a su último amante.
Y triste volviste... nada hallaste en el rincón sombrío
de la butaca de madera... nada.
Y buscaste mis manos... tus queridas piernas de frambuesa,
el pelo revuelto en la almohada
o un rostro manchado de harina... nada encontraste.

Y cabizbajo te sentaste en mis horas largas de espera,
acariciando los segundos de angustia... de pena,
de añoranzas y recuerdos.
Al amanecer despertando de tu letargo,
creíste soñar un columpio lleno de sonrisas... silenciosas,
tan calladas que solo el sonido del viento
mecía la copa de la higuera.

Nuestro último encuentro se vació en una lágrima... amarga,
de tu mirada,
y una sonrisa marchita... llena,
en mi rostro de niña inquieta.


©®Diana Rodrigo Ruiz

lunes, junio 12, 2006

EL BAZAR DE LA ESPERANZA

Se necesita un corazón apasionado
para vendérselo a la muchedumbre
hambrienta de ternura.

Se precisa un amor lleno... inmenso,
para utilizarlo de tirita
y ungüento para las heridas.

Se desea un beso sonoro y puro,
para subastarlo
entre los heridos de la guerra
de las mentiras.

Se necesitan mil globos de colores,
para mil sonrisas infantiles,
y para mil aplausos presurosos.

Se precisan sentimientos
de color verde esperanza,
para regalárselos a las almas tristes...
almas que viven en blanco y negro.

Se desean corazones apasionados,
amores y besos inmensos,
globos y sentimientos de colores
Por que en esta tienda de juguetes,
fábrica de sueños y amores,
colgamos una sonrisa
en la pared de la tristeza:

“Somos el bazar de la esperanza”.


©®Diana Rodrigo Ruiz

martes, junio 06, 2006

ELEGÍA A TU RECUERDO

_A mi abuela Elvira_

I

Has dejado tu casa tan vacía,
tan llena de silencios y tan sola,
que todos los rincones te recuerdan
y cada habitación, sin ti, está rota.

De cada pared nacen llantos blancos,
brotan suspiros tristes de las rosas
y de cada eco mudo, que aún queda,
de la tierna sonrisa de tu boca.

Sobre el tejado cae cada día,
como siempre la tarde... y tu sombra.
Aún en el recuerdo te paseas
entre lilas, geranios y amapolas.

Has dejado tu patio sin colores,
has dejado sin nadie a tu alcoba,
dónde aún en el lecho, por si vuelves,
te aguardan tus secretos y tu ropa.

La luna abre tus puertas para verte
y para hablar contigo el sol se asoma,
y mi voz de poeta te reclama
para que oigas sus últimas estrofas.

Y es que en el corazón tengo tu ausencia,
y este poema triste se me ahoga
en todos los recuerdos que me quedan...
de todas tus palabras largas y hondas.

Hoy recojo las últimas sonrisas
que dejaste a la orilla de las rosas,
y los últimos besos que me diste,
besos, hoy fríos... llenos de congoja.

¡Cómo te echo de menos... tanto, tanto!
¡Como te llora mi alma silenciosa
sobre las blancas letras de mis versos,
dónde otra vez mi pluma amarga mora!

Y a la muerte no puedo perdonar,
que pintara sus más negras palomas
volando en tu interior... y su aleteo,
me ha dejado un vacío que me asola.

II

Como la noche oscura,
es la muerte... tan triste...
Hoy vino a visitarme como paloma negra,
y ha sembrado de nuevo en mi corazón
una pena profunda y silenciosa.

Sobre la blanca nieve, como muchas otras veces,
he llorado mis letras... y mis versos,
la he cubierto de aquellas esperanzas,
que ya están marchitas...
que ya no tengo en mí.
Y mi pluma le ha escrito
todas esas palabras,
de inviernos y de lluvias incesantes,
que en mi alma se ocultaban abatidas.

Por que la muerte... cada vez que llega
y me mira a los ojos,
con su mirada inerte,
siento como mis manos se vuelven niebla gris;
y cada vez que escucho sus suspiros
de ausencia y soledad,
mi voz con su vacío se oscurece
y mis labios se quedan sin aliento.

Y cuando se ha marchado,
el amargo sabor del recuerdo me deja,
la impotencia clavándose en mi piel
y la certeza triste de que volverá a mí...
a mi encuentro de nuevo.


©®Diana Rodrigo Ruiz

sábado, mayo 27, 2006

TIEMPOS DE ROSAS TRISTES

_A mi abuela Elvira_

Una luna de plata se posó
hace ya algunos años en tu pelo,
y el mar llenó de sal y de mareas,
tu mirada, tus manos y tu pecho.
Ahora tienes la voz llena de frío
y tu risa de escarcha se ha cubierto,
tu corazón palpita lentamente
y estás por dentro llena de silencio.
Vives entre recuerdos y añoranzas,
entre días vacíos de otros tiempos:
tiempos de primavera y amapolas,
y tiempos de caricias y de besos.

Un manto de luceros, te llenó
los ojos de sollozos y desiertos
y tus labios de fresa y mariposa
se volvieron cristales sin aliento.
Tú, que siempre llevabas en la cara
estrellas y ternuras; y el reflejo
del cariño, sin penas ni tristezas,
que hoy me ahoga el alma en frío hielo.
Te has perdido en aquellos bellos años
sembrando de nostalgias estos nuevos:
tiempos de nieblas grises y azuladas,
tiempos de rosas tristes y de sueños.

Perdiste la sonrisa, se ocultó
para siempre detrás de algún febrero,
y por más que la busco en tus palabras,
o en tus ausentes versos, no la encuentro.
Y es cuando llega abril con su alegría,
con sus campos de trigo y de espliego,
cuando tú te derrumbas en tus lágrimas
y en tu corazón suenan negros truenos.
Has tenido otros tiempos: noches llenas
de otras noches y días sin tormento,
en los que te vestías de color
y no te daban miedo los espejos.

Y tu que has olvidado cómo eras,
no quieres recordarte con mis versos;
por eso te regalo mis estrofas
para recordar todos esos tiempos:
tiempos sin mariposas de penumbra
y tiempos sin marchitos sentimientos.
Para borrar de tu alma ese dolor
de vivir estos años sin sus besos,
y llenarte estos tiempos tan vacíos,
tiempos de rosas tristes y de sueños.


©®Diana Rodrigo Ruiz

jueves, mayo 25, 2006

TODO LLORA

I

Todo llora... todo.
Lloran mis manos... mis besos.
Todo siente nostalgia de ti.
Mis paredes blancas,
mi luz que no ilumina,
el eterno cobijo de mis sábanas.

Todo está hueco... vacío.
La soledad se ha hecho amiga
del viento encerrado dentro de mí.
Todo está muerto... triste.
Grita mi piel... el deseo,
y todo está vació de ti... todo.

Nada escucha... nada.
La niebla azulada
está llena de nada... nada.
Todo llora... todo.
Las azucenas de mi jardín juvenil,
la esperanza de ternura prometida,
y mi llanto... nada y todo llora.

Solo tengo un romance,
un tango de amor muerto y olvidado:
La nada llena de nada y el todo
que llora por sentirse vacío y solo.


II

Todo palpita y se encierra,
se esconde cobijado entre mis manos.
El todo furtivo y malvado.
Todo encrucijado y solo,
vacío y hueco.
Todo muere en la noche,
en mi vida opaca y lenta,
silenciosa y muerta.

Todo ríe... todo llora,
todo grita... todo calla.
Y el todo se muere,
la nada se hace dueña de mi sonrisa,
de la impaciencia de lágrimas.

No me queda nada que acariciar... nada,
solo la niebla,
el humo compacto de un beso
olvidado en mi lecho.
Todo se enciende... se apaga,
se rompe... se acaba.

Todo lo lleno... lo vierto,
llanto... agua,
fuego... sangre,
quebrado silencio en el que mi corta vida,
se calma en lloros y gritos,
en gritos y lloros.
Todo se ha muerto... nada queda vivo.


III

Nada queda vivo,
y el todo es dueño de todo,
de mis manos huecas,
mi piel muerta.
Alma rota de triste estrella.

Cansada de falsos besos,
de caricias sueltas.
Cansada de cantos,
de las llamadas de sirenas,
de amores insospechados,
de lunas rotas... echas trizas.

Todo está sin piel... sin huesos,
sin sangre... sin pasión,
sin calor... ¡¡¡ sin fuego!!!.
Todo calma... todo llora,
llanto mío... mío,
muerto... vacío,
callado y lento,
pausado y calmado,
calmado.

Y todo lo que la nada me ha robado,
se murió entre mis dedos,
y nacerá en el olvido de los años.


©®Diana Rodrigo Ruiz


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